Algunas vivencias dejan una huella que no desaparece con el paso del tiempo. Puede que aprendas a seguir adelante, pero algo dentro de ti sigue en alerta, bloqueado, y doliendo en el día a día. No tienes porque poder con todo solo, y con ayuda, puedes conseguir devolver ese dolor al pasado, que es donde pertenece.
La palabra “trauma” puede resultar impactante, sin embargo, se estima que una persona adulta ha vivido alrededor de siete eventos potencialmente traumáticos a lo largo de su vida. Estas experiencias son más frecuentes de lo que parece y, aunque no siempre provocan síntomas, en ocasiones no contamos con los recursos necesarios para procesarlas en su momento, lo que puede generar secuelas emocionales a largo plazo.
El trauma psicológico es una respuesta emocional a experiencias demasiado intensas, dolorosas o abrumadoras que no han podido ser procesadas en el momento que ocurrieron. Esto puede generar una especie de bloqueo que afecta a la sensación de seguridad personal y hace que, ante ciertos estímulos, aparezcan reacciones muy intensas que pertenecen a la experiencia del pasado, aunque hayan pasado años desde entonces.
Estos son algunos de los signos que te pueden indicar que trabajar este ámbito en terapia podría ayudarte:
Trabajo el trauma desde un enfoque centrado en el procesamiento de las experiencias y la reducción de los síntomas actuales. Para ello, utilizo EMDR como enfoque principal, junto con estrategias adaptadas al ritmo de cada persona.
Antes de abordar recuerdos difíciles, es importante contar con una base de estabilidad emocional que permita transitar el proceso de forma segura. Para lograrlo, trabajo con la gestión de los síntomas del día a día con estrategias cognitivo-conductuales que favorecen la regulación emocional.
El objetivo no es revivir el pasado, sino procesarlo para que deje de condicionar tu vida actual y puedas relacionarte contigo mismo/a y con tu historia desde una mayor calma y bienestar.