A veces, el mayor crítico de tu vida eres tú mismo/a. Puede que te exijas más de lo que exigirías a cualquier otra persona, que dudes de tus capacidades o que sientas que nunca es suficiente. Aprender a relacionarte contigo desde un lugar más amable y realista puede marcar una gran diferencia en tu bienestar.
La autoestima, el autoconcepto y la sensación de autoeficacia son tres aspectos relacionados que influyen en la forma en que nos vemos a nosotros mismos/as. Mientras que el autoconcepto hace referencia a cómo nos definimos, la autoestima es la valoración de esa definición, y la sensación de autoeficacia es aquello que nos sentimos capaces o no de hacer.
Estos aspectos se construyen a lo largo de la vida a partir de nuestras experiencias, relaciones y aprendizajes. Cuando se ven afectados, puede aparecer inseguridad, autocrítica excesiva, sensación de no ser suficiente, autoexigencia elevada o dificultad para reconocer nuestros puntos fuertes, capacidades y necesidades.
Trabajar la autoestima no implica pensar en positivo todo el tiempo, sino desarrollar una visión realista, equilibrada y compasiva sobre nosotros mismos.
Estos son algunos de los signos que te pueden indicar que trabajar este ámbito en terapia podría ayudarte:
Trabajo estos aspectos desde un enfoque que se centra en comprender cómo se han construido las creencias sobre uno mismo/a, y cómo influyen en el bienestar actual y en el día a día.
A través de la terapia, identificamos patrones de autocrítica, exigencia o inseguridad, y buscamos formas más saludables para que te relaciones contigo mismo/a. El objetivo es lograr construir una autoestima más estable, basada en la aceptación personal, la autocompasión, y el autoconocimiento desde una valoración equilibrada de quién eres.