¿Qué ocurre en las sesiones y qué esperar del proceso?
Si estás pensando en empezar una terapia EMDR, es normal que tengas dudas sobre cómo serán las sesiones y qué ocurre durante el tratamiento, y aunque cada proceso terapéutico es único y diferente, la terapia sigue una estructura que guiará todo el proceso.
EMDR trabaja en tres tiempos: pasado, presente y futuro. Se procesan recuerdos no integrados, los detonantes actuales y se refuerzan respuestas más adaptativas para situaciones futuras. Además, de forma previa, se dedican varias sesiones para preparar el proceso y ayudar a gestionar los síntomas activos en el día a día.
La estimulación bilateral
Durante el proceso, una de las características más conocidas es la estimulación bilateral, pero ¿qué es exactamente? ¿Me van a hipnotizar? ¿Perderé la conciencia o el control?. Nada más lejos de la realidad. Este proceso consiste en activar de forma alterna ambos lados del cuerpo, normalmente mediante movimientos oculares, aunque en ocasiones, también se utilizan pequeños toques o sonidos alternos. Sin embargo, en todo momento serás consciente de lo que ocurre y podrás detener el proceso si lo necesitas.
Hay amplia evidencia científica que demuestra que esta estimulación facilita que las experiencias pierdan intensidad emocional y logren integrarse de forma saludable, dejando de generar malestar en el presente.
¿Cómo son las diferentes fases del proceso?
La terapia EMDR es un proceso estructurado y progresivo. Para que se entienda mejor, vamos a plantear el caso de una persona adulta que sufrió bullying o algún tipo de situación en la que sus compañeros le hicieron sentirse realmente mal. En la actualidad, el paciente ya adulto, consigue trabajar y hacer vida funcional, pero ciertas situaciones (detonantes) como un comentario constructivo de un superior, ver que los compañeros hablan y no saber introducirse en la conversación o una cena de empresa, le generan una gran ansiedad.
Fase 1. Seguridad y preparación
Antes de trabajar con recuerdos difíciles, se construye una base de seguridad en la mente (lugar seguro) y se trabajan herramientas de regulación emocional. También se valoran de forma previa aspectos que puedan influir en el tratamiento, como ocurre con la disociación.
Ejemplo: la persona de nuestro caso de ejemplo elige la habitación de la casa de vacaciones de sus abuelos, un espacio conocido donde siente calma y confort y del que tiene buen recuerdo.
Fase 2. Identificación de experiencias clave
Se exploran los recuerdos o situaciones que generan malestar actual, a menudo conectadas entre sí en forma de red. Una herramienta habitual en esta fase es la línea de vida (mapa global de las experiencias de vida más importantes).
Ejemplo: se revisa la historia del paciente para ver qué episodios de bullying tuvieron mayor impacto, cómo lo gestionó en la infancia, cómo se gestionó en su entorno, etc.
Fase 3. Procesamiento
Se trabaja con los recuerdos más activadores de los síntomas mientras se aplica estimulación bilateral. Nuestra mente organiza los recuerdos conectándolos entre sí, por eso, cuando se trabaja sobre un recuerdo, también pueden procesarse otras experiencias relacionadas, sin tener que trabajar cada una de ellas por separado.
Ejemplo: escogeremos uno de los momentos de su historia de vida que más le han marcado, y haremos una «foto mental» del peor momento. Analizaremos qué emoción aparece, dónde se siente en el cuerpo, y que aprendizajes y creencias sobre la propia persona generó esta experiencia. Por ejemplo, nuestro paciente podría sentir miedo en la boca del estómago, y podría haber creído que él era culpable de todo lo ocurrido. Con todo esto determinado, y el recuerdo en mente, realizaremos tandas de estimulación bilateral hasta que el dolor que genera ese recuerdo se reduzca, y se neutralice. Esto puede llevar varias sesiones, pero logra que ese recuerdo genere un impacto neutro.
Fase 4. Integración
Se buscarán formas de entender lo que sucedió desde una mirada más realista y menos dolorosa, pasando de creencias internas negativas sobre uno mismo a una comprensión más amable.
Ejemplo: nuestro paciente nos dice que quiere creer que es inocente, una idea opuesta a la que creía antes. Esto contrarresta los significados iniciales negativos, y hará que esta persona se sienta más capaz de afrontar los detonantes por los que venía a consulta (por ejemplo, los comentarios de su jefe).
Fase 5. Cierre
Se finaliza cada sesión asegurando que la persona marcha estable. Es habitual que el procesamiento continúe después de la sesión, por lo que pueden producirse cambios en los días posteriores y requerir varias sesiones para una integración completa.
Ejemplo: al final de cada sesión, terminaremos volviendo al «lugar seguro mental» que creamos al principio del proceso. Esto permitirá cerrar lo trabajado ese día desde un lugar más agradable, permitiendo a la persona recuperar la estabilidad emocional antes de salir de la sesión.
¿Qué cambia con la terapia?
Cada persona tiene su propio tiempo. En EMDR no se fuerza el proceso, sino que se adapta a la capacidad de cada uno de ir integrando lo vivido de forma segura. Tras el proceso terapéutico suele observarse que:
- Aunque el recuerdo siga siendo negativo, la activación emocional disminuye y se reducen las sensaciones físicas asociadas.
- La vividez del recuerdo se atenúa, y este pasa a ser más distante o neutro.
- Cambia la interpretación de lo ocurrido y la percepción de uno mismo (por ejemplo, se pasa de sentir culpa a una visión más ajustada y realista de lo que pasó).
- Disminuye la reactividad ante detonantes del presente, ayudando a la regulación y permitiendo respuestas más adaptativas.
El recuerdo puede seguir presente, pero deja de sentirse como algo que «vuelve a ocurrir» cada vez que se activa, lo que permite recuperar la calma y la libertad emocional en el día a día.